jueves, 8 de mayo de 2014

La sabiduría de las edades

                                
 Nuestra identidad está construida por todo lo vivido. Al respecto hemos de ser investigadores y observadores. Se trata de un diario de descubrimiento para las generaciones posteriores.

Lo que nos identifica  no es la personalidad, lo que nos hace reconocernos es donde nacimos, donde vivimos, qué hemos vivido, como ordenamos lo vivido. Esta identidad es todo aquello que hemos descubierto, el origen, lo que nos dijo nuestra madre o nuestro abuelo… Todo eso lo incluimos, está ahí y lo protegemosSe trata de soltar la culpa y reconocer lo que es, lo que somos. De esta forma nuestra identidad se fortalece.

Situarse generacionalmente es comprender que cada generación verá la vida de diferente manera y hay que reconciliar esas diferencias generacionales. Cada uno es leal a la generación anterior y hemos de mirarlas y agradecerles para poder confiar en las que vienen.

El éxito es reconocer nuestra historia, las arrugas externas y, también, las internas. Todo esto  nos muestra de donde venimos y adquiere un verdadero significado cuando lo compartimos. 


sábado, 3 de mayo de 2014

Nutriéndonos...




Somos lo que comemos y también lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos... De la misma forma que comer alimentos sanos y variados mejora nuestra salud física, observar y elegir lo que pensamos y sentimos es otra forma de nutrición esencial para sentirnos bien.

Una alimentación monótona y pobre dará lugar a carencias alimenticias y contribuirá a que nuestro cuerpo físico se resienta e incluso enferme. Una forma de pensar, de relacionarnos, limitante y hostil (pensamientos dañinos, negativos)  nos pasará factura y dará lugar a alteraciones emocionales y mentales.


Hábitos saludables de nutrición física, mental y emocional:


Elegir alimentos sanos, variados y adecuados a nuestra forma de vida, trabajo.
Comer despacio, sin prisas, favoreciendo la digestión. 
Hacer de forma regular ejercicio físico.
Respirar con conciencia para calmar nuestro sistema nervioso.
Aprender a relajarnos a través del ejercicio, la meditación.
Tener claro que somos responsables de nuestros pensamientos y emociones, por tanto ser observadores y estar atentos.
No darle "alas"a la mente, a los pensamientos negativos para no lastimarnos.
Cuando algo no nos funciona cambiar de estrategia y elegir otra forma de pensar y de actuar que nos lleve a la solución.
Mostrarnos abiertos y confiados: del mismo modo que generamos los problemas, podemos generar las soluciones.
Escucharse y cultivar el silencio como paso previo a las soluciones.
Ser conscientes de que salir de nuestra zona de "seguridad" es aproximarnos al cambio.
Echar de vez en cuando la vista atrás y valorar las situaciones vividas, los aprendizajes realizados.
Ser generosos con nosotros mismos, aceptando nuestras fortalezas y debilidades.
No culpar de forma sistemática a las situaciones externas de lo que nos pasa. 
Coger las riendas de nuestra vida, asumiendo nuestra responsabilidad en cada paso que damos.
Aceptar y mostrar nuestra fragilidad. De ahí viene la fuerza.
Reconocer que nuestro mayor tesoro es nuestra propia vida.




A mis ancestros...



Me llamo Angeles. Nací en un pueblo del occidente asturiano, Grandas de Salime. Allí, bajo las aguas del pantano de Salime, permanece gran parte de la historia de mis antepasados.

Grandas, una tierra profunda, fuerte y silenciosa que entreteje su historia en torno a los trazos sinuosos de un río, el Navia, y de un pantano, el de Salime, en cuyo lecho descansan miedos de gente sencilla y austera, rabia, kilómetros de tristeza y también belleza, más allá de eso, de lo que las aguas reclamaron…

Seguramente mi "pasión" por la naturaleza tiene que ver con esta tierra que, durante mucho tiempo, cobijó y nutrió a mi familia tanto paterna como materna. En la actualidad vivo en Mallorca, esta isla maravillosa en la que habito y que me habita. Me siento profundamente agradecida a mi tierra de origen, Asturias, y a Mallorca en la que me siento acogida y reconocida.